sábado, 8 de marzo de 2014

La inmediatez divagando...


El mundo actual (que ya no es el que acabo de escribir) porque esté es el actual, bueno esté sí que sí… debería decir en un el mundo medianamente actual, los seres humanos estamos acostumbrados y vivimos en medio en el núcleo de esa mujer llamada “Inmediatez”, y con ella viene otra mujer que nos da gustos y disgustos llamada “Retribución”.
Estamos acostumbrados a que en Facebook, Twitter, Instangram, y un largo etcétera de medios en las redes sociales, las cosas lleguen ya, ahora, aquí, sin demoras, sin tropiezos, y en un tiempo real y que cada click de las teclas o de las pantallas táctiles ya es pasado. Tenemos la sensación que a mayor presencia y más comentarios, corazones, manitos de me gusta, caritas felices, mejor es para lo que publiquemos y en el fondo nos hace crecer un poco más la sensación de satisfacción.
Pero si recodamos que las grandes obras vieron la luz sin que muchos de sus participantes pudieran verlas concluidas (obras arquitectónicas en su mayoría, por poner un ejemplo), si pensamos en que muchos artistas y escritores, jamás supieron que sus obras maestras se hicieron conocidas, si pensamos en que hace tan sólo cien años era una fantasía poder quedar a comer u organizar una fiesta sin que mediaran en la organización varios centenares de cartas de ida y de regreso, sumados a recados y otra serie de pasos que hacían imposible planear un evento con comensales que viven en distintas latitudes con la asistencia de la mujer “inmediatez”, esa dama que hoy nos tiene de cabeza a todos viviendo el aquí y el ahora intentando dar solución a todo y queriendo llegar a todos sitios a la vez, porque es su exigencia, al parecer si no lo consigues ella la mujer de moda, te abandona y te deja rezagada en el grupo de los menos aptos, menos aptos, última frase que hace eco en mi cabeza.
Además estamos acostumbrados (quizá nos acostumbraron) que la mujer “Retribución” debe ser inmediata, ósea tenemos una gran pareja indisociable de mujeres que se aman, alientan y se potencian. Vez una foto y debes decir que te parece, lees un texto y debes dar tu comentario, por qué ¿no hay más remedio? Haces una prueba y quieres saber inmediatamente la nota, preparas una comida y quieres saber inmediatamente si fue del agrado de las personas. Situaciones que al ponerlas en contexto puede que se justifiquen plenamente mediante la naturaleza del ser humano, y que no es menester reprochar ni menos intentar cambiar.

Pero, qué pasó cuando se puso la primera piedra de la Sagrada Familia en Barcelona, o la primera piedra de una pirámide en Egipto o en Machu Pichu, fue muy poco probable que se sintiera una ovación enorme o hubiera que hacer una cola de horas a no ser que compraras las entradas “inmediatamente” por Internet (que de todas formas haces cola, pero más corta) para ir a ver esas primeras piedras…  Creo que las grandes ideas, al marguen si el “medio” está pasado de moda o no, requieren un rodaje, reglas claras que permitan la libertad de quienes participan y por sobre todo requieren que “Inmediatez”  y “Retribución” no estén viendo lo que sucede, podrían tentarnos con abandonar las cosas antes de tiempo. 
Por último creo que me quede en mi jardín interior, ahí donde el tiempo no pasa, tiene prohibida la entrada Inmediatez y Retribución es bienvenida en contadas ocasiones.  

pd, Happy women day!!!!!

jueves, 6 de marzo de 2014

El fin de los Blogs (o de la nostalgia)

Investigando la historia de los Blogs, me encontrè con que èstos han migrado a redes sociales, y a formatos periodìsticos, y  definitivamente temàticos.

Es posible que el alma de los blogs haya desaparecido como contenido literario, exorcismo del alma, desahogo, compartir mas profundamente las vidas, buscar algo mas que la inmediatèz de un click.  Los artìculos que encontrè (antiguos por lo demàs) hablan de lo mismo; serà una època que ya muriò y simplemente deberemos aceptarlo?

Articulo de A.Fuguet Nov. 2011 - El fin de los blogs?


Hace unos meses escribí esto para Qué Pasa. Al final  nunca se publicó x tema de espacio., lo posteó aca para cerrar este blog. Quizás es cierto que ahora los bloggers son twitters o es más fácil usar otras maneras para comunicarse o conectarse. Creo que fue bueno mientras duró. Ahora que pasó la excitación de la revolución y comienza quizás una nueva, son las páginas/portales las que se están quedando y los bloggers se están pasando a twitter. Creo. No soy un experto. Tuve mis blogs. Ahora deseo leerlos. Y comunicarme via mis libros, artículos, en la radio hasta enero, filmando películas. La poca energía digital que me queda se traslada a www.cinepata.com : ahí está mi futuro, ahí está el futuro de lo que quiero hacer.
Eso
Cierro el blog aunque quizás siga en el cyberespacio por un tiempo.
AF
1-nov-2011
Requiem por los blogs
Mientras todos hablan de Google+ o de la tremenda importancia que tiene Tumblr, mientras un amigo me dice que lo único que le interesa es transmitir mensajes y emociones a través de las fotos que toma en su iPhone y que comparte via www.instragram sus fotos procesadas (“la peor foto te queda cool y para qué escribir si puedo transmitir lo que siento en imágenes”), pienso en qué pasó con los blogs.
¿A dónde se fueron?
¿Qué pasó?
Toda esa energía, esas palabras, esa poesía digital, esas confesiones de tres-de-la-mañana, a donde se fue.
Por qué la palabra bloggero suena tan pasada de moda como un lambada.
Increíble: uno de los grandes inventos del siglo 21 duro media década.
Yo una vez sostuve, y lo puse por escrito, que el escritor suicida colombiano Andrés Caicedo era el primer blogger pues, a mediados de los 70s, escribía sus pensamientos y sensaciones emos y los enviaba a desconocidos por toda América para sentirse menos solo y compartirlos.
Hoy la gente twitea cosas como “Sólo otra vez”
“Q buen delivery de sushi hay en Nuñoa!”
“Grande, Alexis”,
“Buen asado con Natalia: ahora siesta”
y  el clásico “Odio los fomingos”.
No quiero atacar twitter.
No voy a atacar twitter.
Entre otras cosas porque, al parecer, ganó.
Y es cierto que sirve para publicitar desde un evento a que te quebraste una muela a que odiaste tal película o que estás gozando viendo a los Denver.
Leo a Axel Christensen y algo me queda más claro:
Para cada red, un contenido. Si Twitter es para hacerse escuchar y Facebook para comunicarse…Luego resume lo que quería yo resumir pero, por ser 1.5, no he sido capaz:
Al contrario de Twitter, donde lo que importa es hacerse escuchar, y de Facebook, para mantener amistades y relaciones, en Google+ el contenido que reina es sin duda el visual.
OK, welcome a la era de la imagen.
Si es que ya no lo sabíamos.
Yo, al menos, debería estar contento.
A mi me gusta filmar pero –de nuevo- esto de ser “tan siglo 20” te pesa.
Me gustan las palabras, las frases, los pensamientos.
Twitter es como un  e-mail corto público; las aplicaciones visuales son eso: enviar la foto de un cine viejo en provincia y captar que aquel que tomó esa foto está o deprimido o le gustan las ruinas o…  lo visual se presta aún más para la (mala) interpretación, pero bueno, no voy a combatir el futuro (perdón, el presente) y yo ahora quiero tener una cuenta instragr.am, pero volvamos a los blogs.
¿En qué momento se jodieron los bloggeros?
¿Quedan?
¿No son acaso ahora reporteros o columnistas-estrellas digitales?
En qué momento murió el blog tal y cual lo conocemos.
Me dicen que cuando nació twitter.
Buena teoría.
Quedan blogs, es cierto, pero pocos en actividad y casi ninguno está generando contenido mundial o nacional.
La cosa, me explican, es más o menos así:
Aquellos que querían expresarse, o provocar debates, o simplemente constatar que seguían escuchando a The Smiths en un día nublado, se pasaron a twitter.
Otros, se suicidaron.
Los más pro transformaron su blog es un página o, mejor, en un portal. Blog mediáticos de un reportero o columnista sagaz fueron cooptados por verdaderos medios de comunicación digitales. Un blog para chicas se transforma en un imperio llamada Zancada o un blog para geeks empieza a agarrar fuerza como FayerWayer. Los blogs de música y cine mutaron en sitios o revistas electrónicas.
El chico brillante de región fue contrato por medios consolidados o, más bien, por nuevos medios y tiene la suerte que no necesita inmigrar a la gran ciudad.
Me cuesta encontrar un blog anónimo, realizado en solitario, sin apoyo de otros o auspicios, que tenga importancia. En Estados Unidos, los grandes bloggers se asociaron a mega-blogs que en el fondo son revistas y, por cierto, usan twitter como el arma para que ingresen a leerlos.
Otros se asqueron de blogspot y optaron por su propia página de nombre excéntrico o indisputablemte personal (www.juanperez.com) pero de a poco se aburrieron que igual era lento (“odio wordpress”) o que tenían que pagar por estar en un servidor.
Esto que postear fuera lento es, al parecer, un tema.
Temazo.
El tema: la caída del blog se debe a que, en promedio, la operación de subir un post de manera atractiva y mulitimediática podía durar unos diez a doce minutos.
Todos quieren que sea fácil, rápido, ahora.
De ahí el triunfo del twitter.
Carrie Fisher, la Princesa Leia, se adelantó veinte años cuando, intoxicada por cocaína y ansiedad, escribió que para ella la gratificación instantánea se demoraba demasiado.
Mal.
O bien: es cosa de ver un partido via twitter o cualquier evento para captar que, en efecto, París ya no es una fiesta, es la pantalla de tu lo-que-sea inteligente.
Me cuentan que el blog no nació para expresar tristezas o apoyar tus películas favoritas o libros sino que fue un invento que consistía en postear hacia abajo.
Escribir hacia abajo.
Las primeras páginas digitales fueron diseñadas para que la gente los leyera de  izquierda a derecha tal como ha ocurrido hace siglos.
Creo que le debo algo a los blogs.
Me gusta escribir hacia abajo.
Pero hoy me puse a mirar los blogs que tenía marcado entre mis favoritos y capto que algo pasó entre el 2007 y el 2009.
Es raro mirar blogs abandonados: ruinas digitales.
Uno duda si el bloggero murió porque por lo general no hay despedida. Sólo un post intrascendente y luego nada.
El blog, digan lo que digan, era multimediático (ahí quizás su falencia: mucho link, mucha foto, mucho video embedded) pero también era una bitácora, era trozos y apuntes y notas y post literarios.
Se habló que iban a salir algunos de los grandes escritores del siglo 21.
Quizás ahí se están formando.
O quizás se perdieron twiteando.
Pero una cosa es cierta: al desparecer el blog (quedan tan pocos, y los pocos que quedan, son una anomalía y casi molestan por la energía desplegada por el tozudo que aún cree en la palabra escrita: ojo con Moleskine, el blog literario de Thays, que en rigor es más una agencia de noticias literarias), uno intuye que empieza a desaparecer un lector que era capaz de digerir más de 140 caractéres.
Quizás no.
Quizás ando haciendo el duelo.
Los libros y novelas y cuentos y poemas y revistas seguirán, pero los blogs no.
Alguien me comenta que los blogs murieron por falta de rigurosidad, por no tener un editor, por no diferenciar el pudor con el exhibicionismo.
No sé.
Sí sé esto: tengo un blog y me da pereza actualizarlo y, más aún, escribir directamente para él.
Uno al final pertenece a este mundo, lo quiera o no.
Uno también siente que – a veces- quince minutos es demasiado tiempo.

sábado, 22 de febrero de 2014

Ramen


Esta tarde en continuo zapping, fb, iphone, lecturas varias, me encontrè ya empezada en el canal Fox con una "comedia" que no tenìa pinta de nada, salvo estar filmada en Japòn y por la died Brittany Murphy, una chica que siempre encontrè adorable en sus actuaciones.  Se llama "The Ramen Girl", y aunque no pensaba verla, me quedè pegada (http://es.wikipedia.org/wiki/The_Ramen_Girl).

Es la historia de una chica, Abby, que va a Japòn a encontrarse con su novio, y èste la deja (por lo que entendì y leì despues), y se queda sola en este paìs extraño deprimida y sin saber que hacer.  Cuento (no tan) corto, entra llorando a un pequeño restaurant donde le sirven una sopa de fideos, carne y verduras llamada "Ramen".   Sigue yendo a este lugarcito famoso por esta sopa, atendido por un matrimonio japonès, y ve como esta comida tiene la magia de hacer sentir feliz a gente que esta triste, y se hace el firme propòsito de que el dueño, un japonès malhumorado, le enseñe a hacer el Ramen.  Se pasa la mayor parte del tiempo lavando platos, limpiando baños, etc., onda Karate Kid, tratando de hacerle entender en ingles que ella solo quiere aprender a cocinar.  El maestro, su esposa y los que van al lugar solo hablan japonès.  Conoce a un chico japonès, tienen un romance, y el chico debe irse a otro lugar "porque es su deber, es su cultura", y queda triste y sola de nuevo: "no puedo creer que me pasò otra vez".

Con el tiempo el maestro le da la oportunidad de cocinar, pero cada vez le hace entender que su sopa no tiene espìritu, y que debe cocinar con el corazòn y no con la cabeza.  Cuando ya èl ve sus intentos sin resultados, la lleva donde su madre (una viejita japonesa), quien en un dialogo donde logran entenderse, le dice que cocine con amor.  Abby llorando le dice "yo no se que es el amor, cada vez que lo tengo, se va, desaparece, y todo lo que me queda es dolor y tristeza".  La viejita le dice: "Empieza por poner las làgrimas en tu caldo".  Y ahora si que cuento corto y final hollywood, la chica logra hacer una muy buena sopa, el maestro la nombra su sucesora, vuelve a america, pone un restaurant de Ramen, donde aparece su chico japonès, y happy the end.

So, siempre he pensado, he tenido la convicciòn de que a falta de un buen amor, una pasiòn nos puede hacer (salvar) la vida (tambien sin falta de idem, of course).  Una pasiòn es hacer "eso" que nos fascina, puede ser una actividad, profesiòn, un hobbie, vocaciòn, arte, algo que sabemos vinimos a hacer en esta vida y nos completa, algo muy nuestro donde crecer, y sobre todo disfrutar a mil.  Yo siempre creì que la mia era escribir, pero me he pasado la vida buscando excusas, y aunque si escribo, aquì, en cuadernos desde siempre, no le logrado, podido (querido), tomarlo en serio (un libro finalmente, eso es en serio?).

Me he pasado la semana ante la pàgina en blanco del blog, en blanco yo tambièn, sin saber sobre que escribir.  Mi excusa actual es el duelo de amor, uno crecido y fortalecido, pero duelo al fin, y mi negativa de hablar (escribir) de dolores como lo hice alguna vez, porque el aprendizaje es que es un pantano en el que buscas la nostalgia, en el que le das mas alimento, y por ende demoras mas en salir.  Es dificil a veces, cada vez menos por cierto, hacer un Ramen con làgrimas sin quedarte atrapada en tristezas.

Hay tanto por lo que agradecer, tanto por disfrutar, tanto por ver, tanto por compartir, una vida mìa tan rica en experiencias, sentimientos y emociones. Tal vez solo deba aprender a hacer Ramen asì, en este blog, en mis cuadernos, en cartas, con o sin làgrimas, con o sin alegrìas, sino venciendo cada dìa las sequias y las excusas, gozando las palabras y los contenidos, aprendiendo mas, sacando mas, expresando mas.

(pd. calladito: extraño a la mujer, extraño nuestra vida, extraño los sueños, pero no se lo cuenten a nadie).

martes, 18 de febrero de 2014

Historia de un viaje al río de los pájaros pintados.

Volver, aunque fuese solo por un rato. Allá. A la orilla del río de los pájaros pintados. Como aquella tarde en que escapando del ruido del campamento en Paysandú dejé a los amigos, los conciertos y las toneladas de alcohol tras las cuales había escapado desde la Semana Santa de Montevideo hasta la Semana de la cerveza en el litoral sanducero, huí sola hacia un rincón llamado Pueblo Casablanca donde me habían contado no había nada, solo las ruinas de un viejo frigorífico inglés, fuí hasta allá, sola, huyendo de la ruidosa maraña de adolescentes como yo paridos en una democracia mentirosa y condenados a una dictadura asesina que por aquellos días iba dando sus manotasos de ahogado bajo el aluvión de cacerolazos y primeras elecciones internas para delucidar si siempre sí o no llegaríamos a derrumbar a los milicos e ir a las urnas, entonces yo ya tenía 18 y ejercería mi derecho y obligación a voto, en ese entorno con hilitos de rebeldía me fui buscando al pueblo destruido de Casablanca, llegué en una moto destartalada de un lugareño que gustosamente me recogió en la ruta cuando le hize señas y le conté de mi destino, me dejó en la entrada de las ruinas carcomidas por el pasto desprolijo y las hiedras devoradoras de ladrillos, cruzé un hilito de agua el monte indigena se erguía delante de mi como un muro natural amenazador, como un cartel de no ser bienvenida, quería ver el río, quería ver al culpable del origen de las ruinas sin gente, armada de valor sabiendo de que nadie sabía de mi presencia entre a la maraña de troncos, ramas, lianas, juncos, tupida arboreda devoradora compulsiva de senderos, la luz desapareció no por la hora sino por las sombras del monte, los quejidos del agua comenzaron a escucharse, un olor nausebundo penetró en mis narices, cubrí mi boca con mi sueter, un mar de moscas zumbaba. Allí me detuve. Petrificada observé suspendido en el agua, golpeando en la orilla, poblado de moscas, insectos gusanos un paquete embolsado en plático negro, atado con cuerdas, simulando la forma de un cuerpo humano, del tamaño de un hombre o de una mujer. El olor revolvió mis tripas. El miedo anunció que algo estaba mal, juro que yo ví un cuerpo muerto y entoces pensé en los cadáveres que tiraban desde los aviones los milicos. Me dí la vuelta y sin saber como corrí como nunca había corrido hasta encontrar un claro por donde ver la luz del sol y las ruinas del viejo frigorífico de inglés. Juro que ha sido la única vez en que sentí miedo. Ese miedo con olor a muerte. Corrí hasta llegar a un camino y la suerte, que nunca me ha abandonado hasta hoy, le dió forma al ángel que me sacó del pueblo fantasma y me devolvió hasta donde mis amigos borrachos de cervezas cantaban loas de bienvenida a la libertad. Volver aunque fuese por un rato, allá. A la orilla del río de los pájaros pintados.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La tía Rosa.

Mi familia era pequeña. Por ello, supongo que era natural para mí llamar tío o tía a los amigos de la familia. Tan natural como, en su momento, me resultó llamar “papá” a mi hermano, cuando apenas empezaba a hablar…
La tía Rosa era una matrona de cuerpo relleno, generoso. Sus formas suaves y firmes hablaban de una mujer que, en su juventud, debió resultar muy atractiva, y a sus años, mantenía esa coquetería propia de las mujeres de su generación.
Según mi madre, cuando joven, la tía Rosa había sido “ligera de cascos”. Ya grande, creí comprender que ella, simplemente, se empoderó de su cuerpo, y decidió sobre él, como lo hace quien no tuvo nunca la posibilidad de elegir sobre la mayoría de las cosas que atañeran a su vida…
Recuerdo que cuando niña, solía pedirle que me contara historias, de las que tenía un surtido increíble, el que gustaba de compartir conmigo. Sobretodo me contaba de aquel tiempo en que vivía en su tierra natal. En aquella misma época comencé a notar cómo la artritis iba, poco a poco, rediseñando sus manos.
Aún así, su enfermedad no le impidió intentar repasar lo que había aprendido de escritura, y para lo que pocas veces había tenido oportunidad de practicar. Entonces, mientras escribíamos, ella me relataba retazos de sus días. Mi memoria empezó, de esta forma, a guardar, como propios, los recuerdos de una niñez que había sido dura y, muchas veces, hostil.
La tía Rosa era oriunda de Futrono, localidad ubicada muy cerca de Verde Sur, y de niña asistió al colegio del pueblo. Como todos los niños de su edad, provenientes de un hogar humilde, ella caminaba kilómetros, semi descalza, ya fuera verano o invierno, hasta llegar a la escuelita donde estudiaba. Ésta, no era más que una sala, donde se reunían niñas y niños de distintas edades.
Como único útil de colegio, la niña Rosa llevaba una pizarrita, y unos trozos de tiza. Así, todos los días ella escribía y borraba continuamente, sin que le quedara material escrito para releer o repasar.
Y así creció. Así llegó a Santiago, y, así, su destino había quedado señalado. Mujer, sola, con escasa educación no le quedó más que servir.
Fue entonces, en alguno de esos misteriosos recovecos de la vida, que la tía Rosa y mi mamá se conocieron. Era el periodo en que mamá administraba un hotel, y la tía Rosa fue contratada para hacerse cargo de la limpieza. Con el correr del tiempo, ambas se volverían amigas inseparables.
Creo que mamá la quería. A su modo, claro. Como siempre. En cuanto a mí, yo simplemente la adoré. Siempre fue dulce y cariñosa, y el rasgo que más recuerdo era su voz. Una voz suave, preciosa. Grave y pastosa, y con una modulación impecable. Hablaba lindo.
Invariablemente sentí su cariño por mí, y cuando la visitábamos en su casa, lo que era una vez por año, en mayo, para su cumpleaños, ella se las ingeniaba para preparar esos bocadillos que, sabía muy bien, me encantaban.
Siempre supo cómo demostrarme su amor: silenciosamente. Tuvo un tacto y una delicadeza tal, como para que ese cariño estuviera siempre ahí. A mi disposición, pero sin ostentación. Y es que creo ella percibía el celo que mi mamá le tenía por ese vínculo de afecto que nos unía y que crecía año a año, quedamente.
Cuando las cosas en casa se pusieron feas, y a pesar de lo que mamá le contara, a ella y a quien quisiera escucharla; aún en los momentos más complejos que atravesábamos en casa, jamás ella tuvo un gesto de desaprobación para conmigo. Para la réproba hija de su amiga, la tía Rosa jamás mostró un atisbo de enjuiciamiento.
Han pasado casi 20 años desde la última vez que hablé por teléfono con ella. Dada su avanzada artritis, no pudo asistir al sepelio de mamá, y el hijo de la tía se convertiría en el mayor obstáculo para volver a verla…

Hoy, que vivo en estas tierras de Verde Sur; hoy que conozco el rigor que, aún en pleno siglo XXI se puede experimentar en medio de esta naturaleza privilegiada pero agreste, su recuerdo se hace más patente aún, y la admiro. Admiro su fuerza para sobrevivir, su entereza para salir de su tierra, su capacidad para mantenerse íntegra y digna.
Es cierto que toda su vida se me escapa; que la conocí sólo como la tía querendona y dulce. Pero cuando llueve, o cuando corre ese viento inclementemente frío, cuando el rigor del invierno se hace presente, creo ver a lo lejos la silueta de la niñita que ella fue; su pizarrita bajo el brazo y sus cabellos ondulados, desordenados al viento.
No pude despedirme de ella, y a veces creo que de adulta nunca le hice saber en verdad lo mucho que la quise. Pero su recuerdo permanece allí. Intacto. Indeleble, como su voz en mis oídos.













martes, 11 de febrero de 2014

Desde el sur...



Todo es ilusión. No existe el amor eterno.
Aun así perseguimos ese estado perfecto de conexión con la amada, donde descansar, reir y disfrutar el elixir de lavida, mil veces mejor que la mas exquisita copa de vino, que la mas asombrosa vista del bosque lluvioso, aquel genial atardecer frente el mar, mas delicioso que la última piteada del pucho trasnochado, los ojos mojados y la risa complice viendo room in rome, la habitación aquella, creer, creer.
En qué creer.
(Post no depre porque estoy muy feliz en este viaje de belleza alucinante, pero me he "enterao" de que "me han dejao", joder!)