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sábado, 18 de enero de 2014

Historia en el autobús.



Eran las siete de la tarde cuando me senté en la línea 200 en la parada de Echo Park y Sunset al lado de Himelda. El autobús atestado de gente olía desde pollo frito hasta hombre sin ducharse pero Himelda olía a colonia barata. Una mezcla de cloro con desodorante Palmolive que al mezclarse con el resto de los olores hacía menos desagradable la cosa. Convengamos que si de perfumes se trata no es lo mismo tomar el 720 en Westwood que el 200 en MacArthur Park.

Mujer pequeña Himelda, de manos gordas, curtidas y pulseras de hilo. Con 63 años durante gran parte del día, aún limpia casas, el resto del tiempo lo divide entre los viajes desde Los Ángeles al Valle de San Fernando, donde se encuentra su iglesia y la casa de sus hijos donde fungue como niñera los fines de semana para que sus nietos dejen a sus padres descansar.

Cuando el autobús tomó la Alvarado se me ocurrió sonreirle a Himelda. Y la sonrisa dio pie al comienzo de una charla que terminó convirtiéndose en monólogo. Me paseó por su conversión del catolicismo salvadoreño  hasta los pentecostales de la iglesia de la esposa del cordero.

Línea Metro Gold. Destino Sierra Madre, CA (Foto: Vico)
-       ¡Fijese doña!- mirando las imágenes del televisor de la MTA mientra mostraba el incendio del momento en las colinas de Hollywood y con una Biblia en la mano- ¡Qué terrible esos incendios! Si parece obra del Demonio, pero no…ya sabe. ¿Si sabe, verdad? Estos son los últimos tiempos. Lo dice la palabra de Dios. Lo dice el Apocalipsis, ¿si lo ha leído verdad? Usted tiene cara de buena persona, ¿cree en el Señor Jesucristo? Yo estudio la palabra de Dios. No hay nada mejor que estudiar la Biblia, estudiarla con la verdad. Porque yo ahora, después de haber creido en Santos y ser Católica encontré a Cristo de verdad cuando me entregué a el para ser salva. Y fijese, ¡que mi vida cambió! Yo tenía cataratas, no podía ver  y entregué mi vida al Señor, el Pastor Márquez, un hombre de Dios hizo el milagro. Y fijese, que sin operación ni nada Jesucristo me devolvió la vista. Y eso no lo hacían los curas en El Salvador. No, no no…¡olvidese! Esos estaban para la guerrilla y los guerrilleros. ¡Comunistas eran! Pero aquí gracias al Señor, encontré la verdad. Como le decía, el apóstol Juan tuvo un sueño, el sueño de los últimos días donde solo los salvos seremos parte del reino del señor. Así que mire, esto de los fuegos, esto es lo que Jesús dijo que iba a pasar. ¡Si señor! ¡Alabado mi Señor! porque dijo la Biblia que en los últimos tiempos el mundo estaría como Sodoma y Gomorra, ¿si sabe verdad? La ciudad donde los hombres se acostaban con los hombres, ¡imaginese! Y ahora vió con eso de que los maricones se pueden casar, ya ve doña...estamos en los últimos tiempos. ¡Cómo un hombre se va a casar con otro hombre! La Biblia dice que el hombre que se acuesta con hombre, está condenado.
Lago de Echo Park, LA, CA. (Foto: Vico)

Durante 35 minutos, Himelda, la de las pulseras de hilos y las manos regordetas  dio un monólogo sobre la Biblia que ni el mejor evangelista gringo me hubiese dado desde un púlpito. Convencida de que todo lo que decía era la verdad absoluta y amparada en que hasta los mejores científicos del mundo coinciden en que la Biblia es el libro de Dios, por culpa de una sonrisa de cortesía y de una imagen de los fuegos iniciados por un loco, se dedicó de manera natural a ser junto a los perfumes del autobús, artífice  de un dolor de cabeza magistral mientras ella se fue contenta con su  obra evangelizadora  ignorando que  también leo la Biblia, que también voy a una iglesia y que de yapa, soy mujer que se acuesta con mujer.