Tengo la cabeza
llena de historias, historias mías e historias ajenas. Pocas de ellas he
compartido, la mayoría de guardarlas ya comienzan a pesarme. Es cierto que la
memoria puede jugarme una mala pasada, ya hace bastante tiempo que al salir de
casa, bajar once pisos en asensor, llegar al lobby del edificio, salir a la
puerta de calle baja como un halo de conciencia sembrandome la duda de: “Algo
me falta” y la mayoría de las veces debo emprender el camino de regreso en busca
de algo olvidado.
Nunca he logrado
tomarme demasiado en serio este asunto de contar historias. Pero las historias
siguen acumulandose y cuando en alguna charla de amigos alguna sale de mi boca
resibo muy a mi pesar, el conocido: “¿Y cuando vas a escribir?”
No tengo escapatoria.
No voy hablar del pasado, de esa época donde me autobautizé Charruita, lo único
que tengo es el presente y Vico es mi otro alter ego. Y aquí estamos.
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| Atardecer del primer día del año 2014, Griffith Park, LA (Foto: Vico) |
Un par de amigas
blogueras me han insitado habitar una casa nueva. Y me vino bien la invitación.
Me da confianza formar parte de un grupo con sangre magenta.
De aquí en más de
mi parte solo me resta decir:
vamos a ver que sale.
