sábado, 25 de enero de 2014

El beso primero…

El primer beso de nuestras vidas, es ese que estrena nuestros labios. Sin embargo, vale decir que luego de ese, vienen lo que llamaría las primicias, es decir el ansiado primer beso que damos a quien nos atrae, a quien deseamos, a quien hemos empezado a amar…
El primer beso de mi vida lo di a los cinco años. En aquel tiempo mis días transcurrían junto a un grupo de amiguitos. Niñas y niños con quienes solía jugar todos los días de esa, mi vida de niña, la que transcurría en perfecto jolgorio y alegría.
Una de mis amiguitas se llamaba Claudia, y vivía en uno de los edificios de departamentos que quedaban casi enfrente de mi casa. Mi madre solía, por las tardes, visitar a la mamá de Claudia y entre conversación y conversación tomaban el té. Mientras, nosotras revoloteábamos y correteábamos, o simplemente íbamos a su habitación a jugar.
No recuerdo bien cómo fue que llegamos a ese momento. Sólo recuerdo que una tarde, mientras jugábamos a “no sé qué”, de pronto nos miramos. Yo me acerqué a ella, a su rostro y así fue que sentí el calor húmedo de su boca en la mía. Ella no se apartó, y yo me quedé ahí, quieta, saboreando el dulzor de su boca de niña.
Lo que en un principio fue un juego, se convirtió en una suerte de ritual. Cada vez que llegaba con mamá a su departamento, ella me llevaba hasta su dormitorio y tras unos minutos de juego, empezábamos a besarnos.
Una tarde, como presintiendo que nos podían atrapar en esas andanzas, y como adivinando, tal vez, que aquel jueguito no sería, precisamente, del agrado de nuestras respectivas madres, Claudia me llevó a escondernos debajo de su cama. De esa forma, si alguien entraba a la habitación, tendríamos tiempo de esconder lo que hacíamos.
De ese juego inocente recuerdo la inquietud en mis entrañas, mezcla de ansia, de nerviosismo, de placer. Un placer desconocido, al que no pude ponerle nombre si no mucho, mucho después.
Recuerdo también la sorpresa inicial al sentir por primera vez la humedad y la tibieza de aquella boca, mezcladas con aquel sutil aroma a pan con mantequilla.
Con ese primer beso, y los que vinieron luego; teniendo “aquello” dentro mío que me movía a buscar ese contacto; con la sensación que experimentaba en el momento previo, en el durante y el después, con todo ello junto y revuelto en mi ser, mi mente de niña tuvo la certeza de que había “algo”, un no sé qué diferente en mí.
Yo crecí, y junto conmigo creció esa poderosa sensación; ese gusto... 
Ese beso precoz se convirtió, sin saberlo entonces, en una revelación temprana, el descubrimiento de un tesoro interno, mi primera fase de conocimiento.

10 comentarios:

  1. El primer beso que no se olvida, que tierno el momento, que dulce la memoria...una delicia siempre leerte!

    Abrazo.

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    1. Muchas gracias Mayte! Bienvenida a esta casa comunitaria :)

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  2. Jeje, que precoz!
    Si, recuerdo muy bien el primer beso... ;)

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    1. Precoz? Sí. La verdad, sí. Pero en ese momento "era" no más. El momento mismo fue un juego. El después, eso fue otra cosa. Te abrazo.

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  3. Que lúdico, lucido, puber, precoz - mente - encantador post! gracias por compartirlo, el recuerdo del primer beso... las primeras veces, tal cual dicen, se quedan grabadas en la memoria. :)

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  4. Mmmm... Creo que hay muchos primeros besos en la vida. Ya los compartiré. Y es verdad. Todos quedan grabados. Un abrazo!

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  5. Precòz y dulce relato (y beso!!!)..... :)

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  6. Siiiiii!!!!! Precoz. Será que nací antes de los 9 meses y caminé antes del año? Jajajaja!!! (Un beso)

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  7. Woooooow que salvaje (el post, no los 5 años!!!)

    Adhiero perfecto a la construcción de ese momento irrepetible, indescriptible del beso, los segundos previos del preludio al contacto donde el verbo carne es!
    Ayyyyyyy Tremendo!

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  8. Tremendo, sí!!! Y admiro a esa niña que fui y que con tanta soltura llegó y besó. En mi versión adulta, he sido bastante más dubitativa... hasta que pierdo la timidez :)

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